«Percepción animal», de Alonso Holguín F.J. para vos…

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«Percepción animal», de Alonso Holguín F.J. para vos…

Algunos conceptos del mundo animal están siendo olvidados en una especie muy numerosa en el planeta Tierra. A fin de revitalizar uno de ellos, me dispongo a exponer algunas circunstancias, esperanzado en que tú, querido lector, resitúes el orden enrededor nuestro.

La evolución de algunos animales tiende a empeorar, ya que muchos de sus sujetos son conscientes de las limitaciones exigidas en la pervivencia. Si das una vuelta por un zoológico puedes ver la evolución de muchas especies, incluso aprenderás más que en los documentales de televisión, ya que no luchas por el sueño, el calor del cuerpo después de comer y la pesadez de los párpados, luchando por permanecer en pie.

Dado que conservas una buena vista, puedes incluso observar a algunas especies que funcionan mejor cuando hay ausencia de luz. Esos animalitos tienen actividad por la noche porque se encuentran a salvo cuando no son vistos. Los depredadores están al acecho esperando un movimiento en falso sin que haya sido anunciado.

Los datos que aparecen en la pantalla del ordenador reflejan la fecha del año 2015. Una época donde las comunicaciones eliminaron las distancias largas. Un tiempo en el cual todo el mundo tiene la posibilidad de moverse por el planeta, gracias a máquinas con una tecnología día a día evolucionada, ampliada y sofisticada, de tan gran manera que el antes de ayer es historia. Una sociedad que vive al cabo de la noticia en cada segundo del día y de la noche. Una cultura donde las noticias nos vibran en el bolsillo del pantalón o encima de la mesa con una lucecilla que, raudos como panteras, pulsamos en el dispositivo para ver qué ha ocurrido… ¡dos minutos y seis segundos después de nuestra última mirada! Y todo por una… ¿lucecita?

He vivido en grandes poblaciones toda mi vida. Unas con mayor número de habitantes, otras formadas por inmensos corazones humanos. Todos hijos de Dios, aunque había alguno que miraba en diferente dirección del vecino elevando los deseos de ayuda, salud o mejores momentos sensaciones con otras criaturas. Tuve la suerte, incluso puede que por la profesión elegida para servir a España, de recorrer norte, este, oeste, sur de la península Ibérica y norte del continente africano. Desde los años ’90 a hoy mismo, las luces indican muchas cuestiones para el ser humano. En los ’80 se bailaba al son del movimiento de una Bola de Cristal que desprendía reflejos de la luz enviada por focos de diferentes colores:

 

«De colores…

de colores son los pantalones…»

Algunos animales, de esos que los humanos llamamos salvajes, son más sensibles a sonidos para alterar su marcha. Otros son adiestrados para realizar determinadas acciones al escuchar un conjunto de ruidos. ¿Sabes quién era Paulov? Un “científico” ruso que adiestró a perros en la Segunda Gran Guerra, que llegó a ser Mundial. Los canes se dirigían hacia los tanques alemanes, ya que el experimento de ese tipejo, daba comida a los animales cuando llegaban bajo esas máquinas. En la realidad del frente de la guerra, llevaban atadas al lomo minas explosivas que volaban al detonar el carro de combate y resto de criaturas, ellos incluidos.

Los humanos somos más sensibles a la luz, ya que en nuestras máquinas llevamos el ruido del motor, de la música, radio, noticias… y del resto de seres que acompañan al conductor. El dispositivo luminoso es sensible a la vista cuando se ha de realizar un movimiento, de cambio de dirección, incluso de giro de la propia máquina. Y no, no es preciso para que uno mismo sepa cuándo y cómo va a girar, ya que es voluntario. La dichosa lucecita sirve para indicar al resto de animales que rodean al sujeto activo, llamado conductor, piloto y algún par de docenas más de adjetivos calificativos, el movimiento próximo a producirse del conjunto de máquina y humano. Es ese indicativo la señal que proporcionará un aviso al resto, que se encuentran en un movimiento coordinado, para acompasar la propia velocidad del vehículo al binomio espacio / tiempo en conjunto con todos los demás. Porque ese cambio provocará y condicionará al resto, a fin de evitar colisiones, golpes y sus correspondientes lesiones.

En esta época de avances tecnológicos, donde se desarrollan más aplicaciones para comodidad del conductor, casi todos los coches son ya un ordenador con ruedas, donde se sienta alguien al volante preocupado más por la capacidad del sistema de sonido de reproducir melodías, de la velocidad que puede alcanzar en menor tiempo o de llegar antes al siguiente semáforo, que por disfrutar de la conducción en sí.

Las máquinas son muy cómodas, disponen de casi todas los lujos y tienen ya la posibilidad de hacer una personalización propia del turismo. Sin embargo… nos olvidamos de un pequeño detalle: la luz

Puedes ver que ahora “aparcan ellos solos”… “conexión bluetooth integrada”… “navegador, gps, conexión Wifi”… ¡Hay que fastidiarse! Ahora los vehículos tienen doce volúmenes en formato digital para saber cómo se arranca el chisme de ruedas. Pero nos olvidamos de lo más importante: la luz

Pido humildemente que, en lugar de tanto chisme innovador en los vehículos, vuelvan a incluir obligatoriamente los intermitentes. Esas lucecitas que indican el cambio de carril, giro de calle o alerta de la máquina que precede al resto. Las fábricas han de volver a instalar esos cacharritos, en vez de tintar las lunas, radio cd, navegador o climatizador trizona. Sí, sí, la culpa es de las marcas que ensamblan las piezas… natural, con tanto cable, tornillo, abrazadera, embellecedor…

Convendrás, querido lector, que la culpa no es de ese animal de dos patas, evolucionado y que es capaz de autodenominarse inteligente frente al resto de bichos que pueblan el planeta Tierra. Por ello, el próximo vehículo que pilotes, por favor, mira bien que tenga luces y úsalas. No para esos que andan sobrados de luminosidad, sino para el resto que navegamos por esta tierra de tinieblas y lágrimas.

 

catedral.del.vino.Cigales

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