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«El valor del miedo», por Alonso Holguín F.J. en El Español

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«El valor del miedo», por Alonso Holguín F.J.

Publicado en Diario Digital «El Español»

 

El miedo es una sensación en la mente ante una situación externa al individuo. Todos los seres vivos, más o menos racionales, han tenido, tienen y tendrán alguna situación de esas características. Dependiendo de la escala será más difícil de superar. Hay casos donde el miedo en grado extremo se convierte en pánico; puede llegar al terror, si el individuo no logra superar esa sensación, incluso atenazando todos sus movimientos.

Los jóvenes cachorros de los humanos afrontamos miedos desde muy niños. Perros y gatos, por ejemplo, en los pueblos de nuestro hermoso país llamado España, pueden suponer desde un placer de compañía a auténticos dramas personales. Si se comparte, poco a poco, con animales dóciles, nuestros lebreles tomarán un cariño inmenso a esas especias domésticas, muy habituales en los domicilios.

El hombre ha creado ingenios mecánicos móviles. La mayoría de las personas -al menos en mi entorno- comienzan a experimentar la velocidad en triciclos; luego se une el equilibrio en bicicletas, monopatines y patines, de diversas ruedas y ejes. Se toman precauciones, aun con todo, se sufre más de una caída con diferentes tipos de lesiones: raspaduras, quemaduras con el asfalto y alguna rotura ósea. A fin de evitar el daño, merced a la experiencia, ponemos casco, guantes, pantalón cómodo para el sillín, además de alguna prenda reflectante para indicar nuestra presencia. Sí, ahora la moda en muchas ciudades es circular en bicicleta sin ninguna de esas medidas o prendas de seguridad. Una cosa es tener algo de miedo a una caída y otra ser un auténtico gilipollas. Moderno y gilipollas son conjugables en el mismo individuo.

La edad avanza para todos. Empezamos a experimentar sensaciones: hablar con una chica, mostrar nuestros sentimientos y afrontar situaciones complicadas dentro de los estudios. Los exámenes, las pruebas de evaluación, exponer un tema delante del resto de alumnos pueden originar un sentimiento de frustración para las criaturas, independientemente de su edad.

La longevidad es alta en nuestra sociedad. Hacia la veintena de años, incluso antes, se comienzan a tener pérdidas luctuosas, ya por accidentes, ya por motivos de salud. El miedo a la muerte se hace patente, muy cercano también. Conocer los motivos, prevenir los riesgos, es una de las formas de superar ese temor o, cuando menos, intentar evitar ser primer protagonista de ello. Ignorar esas precauciones suele ser consecuencia de perder la vida, más o menos voluntaria, aunque sea por falta de adopción de medidas. Estupidez, inconsciencia, elija usted el motivo, casi todos válidos.

Una vez se incorpora al mercado laboral vuelven las situaciones difíciles. La competitividad a la hora de conseguir un puesto, conservar el mismo o bien ascender dentro de la empresa, ocasiona momentos donde la persona ha de vencer esas adversidades. Su familia y allegados son pilares básicos para conseguir apoyos interiores. La preparación recibida, junto con la experiencia, conseguirá afrontar esas situaciones.

España, nuestra querida patria, ha sufrido durante más de 50 años el azote del terrorismo, con la banda ETA como asesinos de más de 850 personas e hiriendo a miles de ellos. Otros grupos han matado a muchas personas o nos hirieron, alterando nuestro rumbo dentro de la vida. Muchos continuamos recibiendo ayuda psicológica o psiquiátrica, tras años de sufrir la barbarie terrorista.

El individuo reacciona de diferente forma, esté o no formado como personal de seguridad y emergencias. Unos se quedan, otros salen corriendo, algunos permanecen en shock en los momentos siguientes al hecho. El objetivo del terrorista es el terror mismo; su intención última es suscitar el paso del miedo al pánico, llegando al terror, no ya de sus víctimas, sino del resto de la sociedad.

Recordaré el resto de mi vida a Rafael de la Rúa y Santiago García Estebaranz, psicólogos y amigos, cuyo consejo ha sido fundamental para muchos de nosotros, víctimas del terrorismo:

-Debes de aprender a vivir con el recuerdo al acto terrorista cada día del resto de tu vida.

Tener consciencia del miedo, sea cual fuere su origen o motivo, significa comenzar a adquirir estrategias, herramientas, claves para superar los temidos efectos del mismo. Creo que es bueno tener miedo en sí; aquellos que manifiestan “no tener miedo” son , como mínimo, temerarios. Ese sentimiento de temor lo interiorizamos, sabemos cuándo viene, qué puede pasarnos y reaccionamos en su contra, para evitar logren sus objetivos.

El miedo es bueno, afirmo, ya que podemos evitar éste se convierta en pánico o terror; ambos son los fines de los terroristas. Sí, tengo miedo; conozco cómo reaccionar ante su aparición y puedo luchar contra él en cuanto llegue. Los individuos terroristas -me da igual sean de ETA, islamistas, o cualquier bandera enarbolada por ellos- no conseguirán aterrorizarme nunca más. Al menos lucharé por ello el resto de mi vida.

¿Y ustedes?

 

Fuente: El Español

 

Este texto me vino a la cabeza para intentar concienciar de la buena sensación de tener miedo, para así, con esa noción, superarlo y evitar lleguemos al pánico o terror, objetivo de los terroristas.

 

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