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«Normal»

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Normal fue publicado en «La retaguardia» de Fernando Sánchez-Dragó

Normal

España, este hermoso país con siglos de esfuerzo ante las más adversas condiciones interiores, está superando el enorme problema sanitario de la pandemia COVID19. Gracias a los ciudadanos, quienes hemos sido capaces de permanecer en una situación de aislamiento desde el día 14 de marzo y comprender las medidas de seguridad sanitarias para evitar contagios. Pero, ¿qué hemos dejado atrás? Una cuantas cuestiones se han quedado por el camino.

Vida

Es el bien más preciado de un ser humano. Sin duda, sin lugar a ninguna duda, es lo más preciado que tenemos. Hemos aprendido a valorar este don con nuestros seres queridos, amigos y compañeros. Por encima de todo, disfrutar de los pequeños placeres más primarios. Esas conversaciones que antaño se hacían tediosas con los más allegados, ahora son divinos momentos para conocernos más cada día.

La tecnología ha acercado a niños y abuelos, estudios y trabajo. Más que eso, nos ha convertido en más humanos. ¿Quién no ha echado tanto de menos estar cerca de otros congéneres? Desde aquellos días de febrero, cuando los muertos comenzaron a ser algo común en nuestro alrededor, apenas queda alguien que no conozca o perdido a uno de los suyos, a uno de los nuestros. Es de lo más «normal».

Alma

Dicen de antiguo que el alma es algo intangible, sin tacto físico, alejada del mundo real. Recuerdo el primer día sin instituto en Madrid: 11 de marzo. Mi hijo me pidió ir a dar un paseo hasta la estación de RENFE de Santa Eugenia. Sus 13 años reflejan una actitud inquisitiva sobre muchos temas de la actualidad. «Llegó el momento», me dije. Fuimos caminando y empecé a contarle los trágicos sucesos de aquel día del año 2004:

—Esas almas están en el cielo velando por todos nosotros, hijo mío.

—La conjuntivitis, ¿es llorar?

—En parte, sí —se jodió una de mis excusas para ocultar el sentimiento.

Ayer me comentó:

—Ahora hay más almas que cuidarán de España. Manuel Matías Fernández Zurdo, entre ellos —mi hijo se acuerda de nuestro amigo, Guardia Civil y motero fallecido también.

Ese recuerdo es «normal».

Dignidad

Levantarse de la cama y mirarse en el espejo es un tremendo desafío. Resulta muy complicada para los miembros del Consejo de Ministros escuchar la evolución de sus declaraciones, tanto en las ruedas de prensa, como en Congreso de los Diputados y Senado. Pedro Sánchez Pérez-Castejón anunciaba en la conformación de la coalición:

—El gobierno tendrá varias voces, pero siempre la misma palabra.

Ese ojo del señor Sánchez se convierte en una ratificación de su trayectoria política y personal, que pone en serias dudas la autoría de varias de sus publicaciones. Los ministros han manifestado la forma de una ley por la mañana, una rectificación por la tarde y la publicación de la misma en otro sentido diferente a las dos anteriores. Esa presunta sintonía se parece más a una gaita escocesa, de tres tubos, por donde sale el sonido un poco chirriante, en ocasiones.

El afán de protagonismo se veía en una excesiva aparición televisiva. Debían efectuar un nivelado de uno y otro partido, de una y otra ideología que, tras las declaraciones, daba la impresión de no tener nada claro ni entre ellos.

La dignidad se perdió con las constantes mentiras, datos diferidos y consejos diferentes de una semana a otra. Los especialistas en materia sanitaria se ocultaron tras el personal uniformado del ejército, policía nacional y guardia civil hasta que el número de fallecidos comenzó a bajar. Ese descenso se veía empañado por la diferencia de datos entre los registros civiles, funerarias, aportes de las comunidades autónomas y la interpretación del ministerio de Sanidad. Y no son tres o cuatro fallecidos, no, supone una diferencia de 20.000 personas, aproximadamente. Algo «normal» en el socialismo y comunismo.

Justicia

Ante la pérdida de vidas y almas en la tierra, junto con la ausencia de dignidad del gobierno, hemos seguido la iniciativa de la extrema izquierda, típica de sus movilizaciones: percusión. Ellos comenzaron al realizar una protesta desde las ventanas cuando S.M. el Rey Felipe VI dirigió unas palabras a la nación. Ahí nos dimos cuenta del deber de protestar desde las ventanas. Luego, cuando se comenzó a recuperar la movilidad en la calle, bajamos de nuestros balcones armados con cazuelas y banderas constitucionales. Ese jarabe democrático, que tanto gustaba al vicepeich en tiempos mozuelos, ahora la criatura descubrió como una molestia en las cercanías de su casoplón. Otro fulano, cuyo papá es empresario y jugador de gol, se permitió tildarnos despectivamente de «Cayetanos», al confundir un bastón con un hierro del juego aficionado de su padre.

Llegamos a la «nueva normalidad» —título inventado por algún cagalinderas o gilipollas—, donde un gobierno distorsiona o miente y oculta la realidad, presiona a jueces y tribunales, insulta a la oposición, a Guardia Civil y a la Corona, a empresarios y grandes compañías, entre otros. Ustedes no sé, pero a mí me gusta más lo antiguo que lo moderno… «normal».

En «La retaguardia«.

¿Conoces «Obligaciones voluntarias«?

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