Leer la cartilla: honor, UCO y la crisis interna que golpea a la Guardia Civil
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La Cartilla del Guardia Civil: una línea roja llamada honor
En este hermoso país llamado España vivimos, hoy, una situación crítica. Quizá ustedes, en su entorno familiar más cercano, no perciban la decadencia; quizá su vida laboral les impida advertir hasta qué punto algunas instituciones públicas transmiten una inseguridad ya declarada. Ahora bien, si desayunan —y cenan— con las noticias sobre las investigaciones judiciales que cercan a Pedro Sánchez Pérez-Castejón, a su familia más próxima —esposa y hermano—, a sus ministros y ministras, y a los correligionarios de su Partido Socialista Obrero Español, PSOE —cuatro letras, cuatro mentiras—, comprenderán el punto exacto de la fractura.
Los diferentes autos judiciales revelan una deriva más que preocupante para la Guardia Civil. La Benemérita es una de las instituciones más valoradas de España. Sin embargo, tampoco estamos libres de compañeros con actitudes —y acciones— propias de esos puñeteros garbanzos negros que lo ensucian todo. Y, como tal, en los últimos días se han conocido datos inquietantes.
Manuel Llamas y Mercedes González: sombras en la cúpula
Este año celebramos el 182.º aniversario de la fundación del Cuerpo. Don Francisco Javier Girón y Ezpeleta, II duque de Ahumada y V marqués de las Amarillas, recibió el encargo de organizar la Guardia Civil. Fue en aquella época cuando publicó la Cartilla del Guardia Civil, un excelente código de conducta para todos los agentes. Aún hoy, sus artículos siguen siendo referencia para nosotros. ¿Para todos? ¿Seguro?
La nómina mensual incluye impreso uno de los artículos de la Cartilla; varía cada mes. Los ciudadanos han oído mencionar nuestro artículo primero, el más valioso:
«El honor ha de ser la principal divisa del guardia civil; debe, por consiguiente, conservarlo sin mancha. Una vez perdido, no se recobra jamás».
La UCO bajo presión: expedientes, ascensos y destinos de confianza
El teniente general de la Guardia Civil Manuel Llamas aparece señalado por un presunto delito de acoso laboral y, además, por otros posibles delitos cometidos, presuntamente, en el ejercicio de sus funciones como director adjunto operativo. Ostenta el empleo más alto de todos los guardias civiles. No, no es moco de pavo, no. Su posición, junto a la de la directora general Mercedes González —en su segunda etapa—, ofrece una imagen pavorosa: la de un abandono absoluto de sus propios compañeros, guardias civiles como él.
Según las informaciones publicadas, Llamas impulsó en tres ocasiones la apertura de expedientes informativos contra el anterior coronel jefe de la Unidad Central Operativa —UCO— de Policía Judicial, Rafael Yuste, ahora promovido al empleo de general de brigada.
Los expedientes informativos constituyen una forma de presión sobre los agentes; más aún en aquellos empleos cuyas evaluaciones anuales sirven para promover, ralentizar o impedir el ascenso al empleo superior. Porque los agentes en dichos empleos ascienden por libre designación, de acuerdo con su puntuación anual.
El coronel jefe de la UCO recibe su destino de confianza desde la Dirección General. Todos los agentes recordamos al coronel Manuel Sánchez Corbí. El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, instruyó un expediente por pérdida de confianza para apartarlo del mando. De igual forma fue destituido como jefe de la Comandancia de Madrid el coronel Diego Pérez de los Cobos. Al parecer, ambos se negaron a entregar información sobre investigaciones desarrolladas como Policía Judicial y ordenadas por distintos juzgados.
La presión se reprodujo.
La negativa, también.
Ambos ceses impidieron su promoción al empleo de general de brigada, sin duda ascenso totalmente merecido.
Quizá Fernando Grande-Marlaska haya olvidado su empleo anterior —y su formación— como juez de instrucción en la Audiencia Nacional. ¿Será posible? Dudoso. Quizá el ministro Marlaska se limite a cumplir fielmente las órdenes de su amo y señor: Pedro Sánchez Pérez-Castejón, presidente del Gobierno. ¿Cómo puede alguien vender su alma —y su honor— a semejante personaje?
Además, según parece, Mercedes González —Merche bis—, en su segunda etapa como directora general, habría departido varias veces con Leire Díez, imputada por presuntos delitos que guardarían relación con el entorno del presidente del Gobierno, tanto en el ámbito familiar como en el político. Es más, hemos escuchado cómo esa individua decía: «Quiero muerto a Balas». ¿Quién es Balas?
Antonio Balas, la investigación económica y el precio de tocar poder
El teniente coronel Antonio Balas dirige el Departamento de Investigación Económica y Anticorrupción de la UCO. Esa unidad trae por la calle de la amargura a tantos y tantos presuntos delincuentes. Y tan alto apuntan sus investigaciones que no parecen guardar miedo a ninguno de ellos, con independencia de su profesión, empleo, ideología o familia. Este teniente coronel ha superado con brillantez —y como número uno— el curso de Estado Mayor en el Centro de Estudios Superiores de la Defensa Nacional —CESEDEN—, mientras compaginaba su labor investigadora.
La UCO ha proporcionado escolta al teniente coronel Balas, dadas las conversaciones atribuidas a esa presunta trama mafiosa: una organización criminal que, siempre presuntamente, cometería delitos y tendría como objetivo manipular el funcionamiento del Estado en su propio beneficio. Un escenario que podría entrañar graves amenazas para su vida.
Dimisión, responsabilidad y limpieza instituciona
Pues bien, el compañero Manuel Llamas se halla involucrado en los más oscuros tejemanejes contra sus propios compañeros: ponerse de perfil y no actuar con la debida firmeza en las investigaciones sobre miembros del PSOE y familiares de Pedro Sánchez. Desconocemos quién le indicó proceder de esa manera. ¿Seguro? Volvamos al latín de siempre: Quid prodest?
Si el compañero Manuel Llamas albergara una pizca del honor —y de la valentía que se le supone—, se habría apartado inmediatamente de su cargo para responder ante quien corresponda y no seguir enmierdando la institución. ¿Por qué? Porque viste un uniforme curtido por sus antecesores con sangre y vida. Porque nosotros, guardias civiles, nos diferenciamos de la podredumbre política en algo esencial: cumplimos la ley, no órdenes ilegales ni caprichos coyunturales.
¿Y la directora general? Si ha mentido varias veces; si ha negado visitas, reuniones o contactos con Leire Díez; si es militante del PSOE; si conserva una lealtad indudable a Pedro Sánchez, como todo parece indicar, continuará ahí hasta que la realidad la alcance. Desconozco si tiene cuentas pendientes. Ahora bien, no sería la primera afiliada al PSOE y directora general de la Guardia Civil detenida y puesta a disposición judicial en un proceso penal.
Hasta para eso sería un patético bis.
Manuel Llamas, compañero, dimite ya.
