«Voladores en carretera», de Alonso Holguín F.J., en Ruta 608

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«Voladores en carretera», de Alonso Holguín F.J., en Ruta 608

La pericia es necesaria para algunos ámbitos de la vida. Conducir una moto requiere mucha atención en cada momento. Hagamos un resumen:

 

-Pies: izquierdo acciona la palanca de marchas; derecho el freno de la rueda trasera. Ambos sirven, en conjunto y/o por separado, para no caerse en parado.

-Manos: izquierda acciona el embrague; derecha el freno delantero y el acelerador. En el caso de cambios automáticos se reduce el trabajo de la izquierda. Ambas sirven para determinar la dirección de la motocicleta, así como, en algunos casos, cada una la intermitencia de su lado, claxon, luces de posición y, una de ellas, sistema de encendido / apagado del motor.

-Ojos: han de estar pendientes de la circulación delantera, los retrovisores de ambos lados, aquellos objetos, personas y vehículos en paralelo. Al mismo tiempo han de estar vigilantes de las luces del cuadro de nuestra máquina: luces, intermitencia, gasolina, aceite,…

-Oídos: escuchamos la melodía de la moto propia, que puede indicarnos alguna avería o mal estado. El sentido proporciona información al cerebro de otros usuarios, incluso de posibles peligros o alteraciones ajenas de la vía donde circulamos.

-Cerebro: dirección conjunta de anteriores.

 

Esos apéndices de nuestro cuerpo forman gran parte de los sentidos. Correcto, si conducimos un vehículo de cuatro o más ruedas, también utilizamos esas descripciones. ¿Qué nos diferencia?

 

El otro día circulaba por la carretera A-4 sentido Andalucía. Un enorme cinco ejes frigorífico pisaba la línea continua divisoria del carril derecho e izquierdo. La mano izquierda del piloto descansaba y brillaba sobre la puerta de forma alternativa. Estábamos a 100 metros de un «chisme» para reducir los accidentes de circulación, de esos que hacen fotos si sobre pasamos la velocidad permitida. Al tiempo que pasaba bajo el pórtico vi una luminosidad volando desde el frigorífico…

 

De vuelta a la civilización, justo al pasar un semáforo, algo húmedo, viscoso y volador salió despedido de la ventanilla de una grúa plataforma. Por escasos dos metros y treinta centímetros no impactó en mi recorrido un escupitajo, tamaño meteorito… casi como la puñetera colilla de un trozo de puro que salió por la ventanilla del trailer.

 

Tanto ellos como nosotros utilizamos nuestro cuerpo para conducir, si bien una parte de la cabeza queda sin uso para algunos.

 

Sean prudentes en la carretera y un poco más cuidadosos con quienes compartimos vía…

 

Señor, señor, clausura todas las ventanillas… y oxigena cerebros.

 

Puedes oír el maravilloso programa aquí.

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