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Podredumbre

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Se ha instalado la podredumbre en España

Un rollete, algo sin importancia ni trascendencia ni futuro ni pasado con un presente dudoso e incierto, a tal ha llegado el nivel de podredumbre en España. Desprecio del lenguaje azota a las víctimas del terrorismo, como si no tuviéramos suficiente con el recuerdo, presencia diaria de esas imágenes, olores, sonidos y sabores de la derrota por rendición de los respectivos gobiernos.

Dice el ministerio de Interior que va a trasladara al País Vasco a 7 internos «relacionados con la banda terrorista ETA», desde la podredumbre del bastardo lenguaje usado. La traducción al idioma normal y corriente «se acercarán a 7 asesinos de la banda terrorista ETA». No es una relación pasajera, informal, casual, de esas que se olvidan tras una noche, tarde, un encuentro fortuito; tienen un compromiso vital con la banda desde su ingreso. Salen del trullo sin haber cumplido la condena íntegra ni obtenido el perdón de las víctimas ni pagadas las obligaciones voluntarias fijadas en sentencia. Familiares y vecinos hacen fiesta cuan bestias pardas; como si el asesino hubiera ganado una competición deportiva mundial.

Atrás dejan un reguero de más de 800 víctimas ciertas, 200 sin aclarar realmente y más de 350 asesinatos sin resolver. Los etarras son los cojonudos —ironía—de la historia, quienes no ceden un ápice su bastarda historia porque tiene una razón moral superior al resto de humanos. De tanto son diferentes al resto de españoles como ellos que, en caso de necesitar una transfusión de sangre, se les pone una bolsa del mismo grupo sanguíneo. Coincidimos en la misma especie animal pese a ellos; les tiene que fastidiar sin duda, como un ave carroñera se come a una semejante si la ve indefensa, herida y devora a base de picotazos sin posibilidad de defenderse.

Victimas del terrorismo

Nosotros, víctimas del terrorismo, nunca pedimos venganza, sino justicia; tuvimos el atrevimiento de solicitar la verdad, que nos fue hurtada antaño y negada en el reconocimiento actual, dando beneficios a terroristas; queremos la memoria de los fallecidos, de los heridos, de vidas truncadas en presente y futuro a costa de una mierda de revolución que nació caduca; conservar la dignidad de una sociedad herida al poco de amanecer, cada mañana, por la tarde, cuando los niños jugaban en el patio de la casa cuartel o mientras dormían, desconociendo que la maldita serpiente ceñía el hacha sobre su existencia.

Vileza y maldad al tildar de «daños colaterales» los asesinatos ocurridos por encontrarse junto a sus «objetivos». Ya fueran esposas e hijos, familiares y amigos, simplemente personas que pasaban al lado del coche bomba en el momento escogido para cercenar el bien más preciado de una criatura: la vida. Ni se arrepienten ni parpadean al ver los cuerpos destrozados por sus actos ordenados por la cúpula de la banda terrorista ETA.

De tal bastarda actitud están hechos que, incluso delante de un hijo, asesinaron a algunos de los suyos. La disidencia se paga con la existencia. La peor autocrítica del movimiento de extrema izquierda. Desaparecen. Sin más, porque son duros, muy «echaos pa’lante» en su mundo, esa parte que sacude y cambia la vida al resto.

Favorcitos

Favorcitos, buen trato, pasar la mano por el lomo, chepa, una caricia en la entrepierna o en la parte baja de la espalda, aquello que llamamos «culo» y que cada uno tenemos uno, como la opinión. Llegan a envilecer para insultarnos desde la institución ministerial. Esa que debería tener como misión resolver crímenes, mantener a buen recaudo a los asesinos, a quienes ayudaron a señalarnos, a quienes proporcionaron material, financiación, cobijo o huida en la fuga. No, ellos están en otra onda. ¿Es posible esconderse de la justicia en el siglo XXI durante tanto tiempo? ¿Cuántos hay en fuga? ¿Conocen dónde están?

Ahora, con el perturbado ambiente «moradete», donde se piensa más en sexo y género que en igualdad real, olvidan que nadie es más que nadie ni menos que otro. Esas y esos —única concesión a su asquerosa forma de expresión— conceden el favor al asesino respecto a la víctima. Y digo bien «víctima», porque ese título corresponde al fallecido, herido, familiar, amigo, compañero, al español que representaba un ataque terrorista. Españoles somos todos, incluso ellos, que les jode, necesitan nuestro pasaporte para rular visitas a otros lares; porque se acuerdan de nuestros impuestos ahora para vivir «oprimidos» con su cupo particular y desligados de las obligaciones del resto, de quienes vivimos fuera de las provincias de nuestro norte y Francia.

Asco

El año nuevo ha traído cobardía en el lenguaje, la expresión hurtada se fue por las cloacas. Aquellos asesinos pronto se verán en libertad con gran regocijo, fiesta, diversión, homenaje. Cambiaron verdad, memoria, justicia y dignidad por un puñado de votos para mantenerse volando en un avión, sentados en sillones, ejecutando la más mísera podredumbre humana: proteger al terrorista y humillar a la víctima. ¡Qué asco dan!

«Podredumbre», fue publicado en El Español.

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