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La puerta

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El primer elemento de una propiedad privada inmobiliaria es la puerta

«La puerta es uno de los elementos esenciales en la contratación de un seguro de hogar». Así nos comentaron esta semana en una compañía aseguradora. Además, nos preguntaron si era urbanización cerrada, con vigilancia o portería 24 h, incluso si las ventanas de nuestro domicilio tenían rejas de protección exterior. Ante esas características de una vivienda, te pones a pensar…

Derechos

Tres derechos hay fundamentales en la existencia de los humanos: vida, libertad, propiedad privada. «Y por ese orden», afirmó Ilmo. Sr. D. José Antonio Ortega Lara, un héroe vivo español, y no puedo estar más de acuerdo. Una vivienda, como un país, es un lugar donde el dueño, propietario, residente, decide las normas propias del interior. ¿Recuerdan aquél anuncio de la «República independiente de mi casa»? La forma de organización política puede ser discutible. Sin embargo, la propiedad de «mi casa» resulta indiscutible, porque uno de los derechos en democracia ha de ser la propiedad privada. Fundamental, fundamental como respetar los bienes ajenos.

Los vecinos pueden ser muy majos, simpáticos, educados, higiénicos, delicados en el trato y echar una mano ante cualquier dificultad. Si tenemos fines y principios comunes llegaremos a una alianza mayor, quizá, como en el caso de la Unión Europea. Esa «unión» comenzó con un acuerdo entre países en materia económica; actualmente se nos haya ido de las manos al pretender, entre otras, que abandonemos el consumo de carne y comamos insectos. ¿A imagen de ellos? No creo, no, su aspecto exterior bien parecen consumir proteínas, azúcares y grasas en exceso.

Norte

Luego, además de los vecinos del norte, tenemos al enemigo en el sur. Digo bien enemigo, porque ese país invadió territorio español en 2002. Sí, un islote, un peñón pequeñajo, un trozo de tierra de España, fue tomado por el ejército marroquí y la Gendarmería de Marruecos. De hecho, llegaron a izar la bandera de ese país en nuestro territorio. Porque, es nuestro, aunque fuera menos de un metro cuadrado, y porque la nacionalidad nuestra de los territorios en África es anterior a la formación de Marruecos como país.

Enemigo a la puerta

Marruecos es el enemigo. Fijo. Desde ese país nos envían o se muestran laxos en el control del tráfico ilegal de personas hacia nuestro territorio. Nosotros, España, enviamos millones de euros anuales para que ellos protejan nuestra frontera. Entregamos los mejores vehículos para su gendarmería. Además, nos plegamos a la entrada de productos hortofrutícolas en territorio europeo, en clara competencia desleal con los nuestros. Da igual cuando leas estas afirmaciones, da igual el gobierno e ideología al mando en nuestro país. Tanto socialistas como populares, se han arrodillado ante el monarca alauita, «Comendador de los Creyentes» se titula. Incluso llega a atribuirse parentesco directo con Mahoma, el profeta de Alá. ¡Toma allá!

El primer elemento de la vivienda es la puerta, que franquea el acceso a la vivienda. Como norma general, hay una cerradura, llamador, portero automático, con o sin cámara de video. En ocasiones, cuenta con servicio de portería. Ahí, el portero conoce en primer lugar a quien pretende acceder a la edificación. Ni les cuento aquellos potentados poderosos, quienes pueden —y podemos, dicen ellos— tener fuerzas de seguridad del estado en la puerta para garantizar su seguridad, frente a individuos con o sin permiso de acceso. Esas edificaciones, como el famoso «casoplón de Galapagar», rodeado de un muro para proteger de miradas indiscretas, asegurar la privacidad de los habitantes. Es decir, garantizar la vida y propiedad privada.

Ley

En caso de la entrada de una persona en una propiedad privada, el dueño insta de manera inmediata a su abandono, llamando a la policía para expulsar a quien no abandona por propia voluntad. Antes era un delito. Ahora, nuevos tiempos, viejos recuerdos, quizá haya cambiado la ley.

Un país, nuestro país, debería ser como una propiedad privada. Enredar la lentitud de la justicia, a través de recursos, aplazamientos, papeleo, burocracia; otorgando derechos y olvidando obligaciones de aquellos que entran de manera irregular en nuestro país, es síntoma de una decadencia absoluta. Si alguien entra sin cumplir la legalidad, ha de salir inmediatamente por donde ha entrado. Gastamos millones de euros en pagar una responsabilidad a un vecino traidor y desistimos de defender como es la frontera. Una frontera de la Unión Europea, donde deberíamos proteger nuestros productos comerciales frente al enemigo marroquí. Hemos de invertir ese dinero en nuestra frontera, seguridad física y estática, medios para Guardia Civil y Policía, en lugar de pagar a los traidores vecinos.

En nuestra casa, como en nuestro país, dejamos pasar a quien cumple con nuestras leyes y costumbres. El resto, de la puerta para afuera. Del primero al último.

Imagen de David Mark en Pixabay

Mi última novela publicada hasta la fecha es «Nadie es tu dueño».

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