«Culpable inocente», de Alonso Holguín F.J., para Jesús…

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«Culpable inocente», de Alonso Holguín F.J., para Jesús…

La frecuencia del uso de algunas herramientas otorgan una destreza a cada animal, que va mejorando con el paso del tiempo y de los resultados. De bien nacidos es ser agradecidos. Y hoy es un día de ésos que debo dar las gracias: ¡Jesús va por ti!

Hace unos quince años y algunos meses tuve una entrevista de trabajo para un lugar de mi profesión en Madrid, capital de España. Su aspecto impresiona, su voz profunda y un bigote poblado hace de él una persona que impone respeto. Si bien vestía de paisano de modo correcto, ahora gasta el uniforme de Servicio Diario correspondiente a cada época del año.

Esta tarde he entregado la segunda novela que he escrito a Jesús… él es uno de los culpables inocentes de casi todo. Si bien las reglas léxicas tendrían varias cuestiones que decir sobre los antónimos, la publicación de “Senda de lealtad” recrearía un par de saltos para la norma de dos antónimos consecutivos e interrelacionados. Todo tiene su sentido.

La historia relatada en esa novela es un conglomerado de situaciones, hechos, acciones, personas, vehículos y lugares que podrían coincidir con una ficción si se leyeran novelas de otros autores, visionaran películas, series de televisión o simplemente se permaneciera atento con interés a los alrededores de cada uno en la calle. Prestando atención a todo aquello que nos rodea, podemos ver muchas más cosas de aquellas que son analizadas por el cerebro, o simplemente de ésas que nos damos verdadera cuenta. Seguro que recuerdas una fotografía hace unos meses, donde se pedía al público de qué color era el vestido de una señorita. ¿Azul ó blanco? La respuesta de Jesús -y con total seguridad en mi caso también- sería:

Rojo putón.

La educación profesional recibida en la Guardia Civil determinó que siempre nos ponemos en el peor de los casos. Quizá por el gusto de llevar la contraria al personal; puede que el ánimo de ejercer de abogados del mismísimo diablo nos llevara a contrariar la proposición inicial, si bien me decanto por la opción del gusto por enriquecer el debate dando otro punto de vista. La mejor de las intenciones siempre nos guió. De hecho puedo asegurar que es de las mejores personas que he conocido, incluso dentro del círculo reducido de mis amigos más allegados. Quizá fuera una de las causas de ser culpable inocente… ¡vete a saber!

Durante el último quinquenio, más o menos, con menor acierto a la hora de echar cuentas -latín y griego eran mis asignaturas preferidas-, Jesús y un servidor de Dios, España y de ti, hemos comprobado que, pese a los lemas que presidan muchas de las premisas, instituciones incluidas, no hay nada más importante que… ¡la familia! El gran Marlon Brando, caracterizado como don Corleone, decía:

-La familia es el pilar de la sociedad… -simula tú la voz ronca y casi inaudible, que en letras escritas es muy difícil emular.

En esta segunda publicación se trata de diferentes visiones del adjetivo Lealtad, para unos, en tanto que para nosotros es sustantivo. Jesús y un servidor hemos conocido las variantes más típicas del mal llamado macho ibérico en estado puro, Militar de empleo o Guardia Civil de situación. ¿Recuerdas “aquí mandan mis cojones” y “me la suda”? Esos términos son destacados cuando se aprecia sinrazón de un individuo con la pretensión de mantener una disciplina más allá de las leyes de nuestra época. Pobres mentes, huérfanas en su mayoría de los atributos necesarios de la profesión, olvidaron la característica fundamental del Cuerpo al que pertenecía. Por ello, Jesús y un servidor, culpables inocentes

Viene también el recuerdo de aquel llamado señor bajito que nos decía:

-Mal váis si no os conformáis con las migajas…

Resumí mi respuesta:

-No, no y no. La Lealtad de un Guardia Civil no tiene cachos, trozos y mucho menos migajas de la Ley.

Después de las iniciales dudas, que duraron unos cuántos de meses, se resolvió la situación de manera más que favorable para nos. De manera dispar encontramos lugar en otras casillas del tablero de la Guardia Civil. Pese a ser culpables inocentes nunca hemos renunciado a nuestros principios, heredados desde hace 171 años y quince días. La creación, trabajo, misiones, fundamentos, servicios,… internos, externos y colaterales del Benemérito Cuerpo de la Guardia Civil -al menos para nosotros- es la Lealtad a la Ley. Algunos puristas podrán argumentar que se debe ese adjetivo calificativo. El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define:

-Cumplimiento de lo que exigen las leyes de la fidelidad y las del honor y hombría de bien.

La historia de nuestro Cuerpo, que en realidad es de todos los ciudadanos, está íntimamente ligada a la Ley. Pero, ¿qué Ley tiene mayor primacía sobre todas? La familia.

Hay un tipo muy currante en España, a la cual ha entregado, entrega y entregará toda su vida profesional, así como personal. Este ser humano es un trabajador incansable, casi agotador hasta la extenuación. Puedo afirmar esto porque trabajé a sus órdenes unos cuántos de años. Buen tipo, aunque la visión del mundo es divergente respecto la nuestra. Él lleva muchos, demasiados años, relegando a su familia a los fines de semana. Su profesión, los destinos conseguidos, alejan de su domicilio familiar la compañía diaria de sus seres más queridos. Nosotros, Jesús y yo mismo, culpables inocentes ambos, recuperamos hace pocos años la estabilidad familiar, la compañía de nuestras parejas e hijos en cada día, a cada momento. Despertar al lado de tu esposa, saludar cada mañana a tu hijo, o por lo menos una vez al día en directo, querido Jesús, culpable inocente, no tiene precio, ni recompensa que España nos pueda dar… o sí: la amistad mutua que nos unirá de por vida.

Eres culpable inocente del verdadero significado de la palabra LEALTAD con mayúsculas. Si la Real Academia de la Lengua Española conociera todos los aspectos de este artículo, así como otros que por sonrojo quedan opacos, por ahora, debería asignar como sinónimo y ejemplo de dicho término el nombre de Jesús Biempica, más que un amigo, mucho mayor que un compañero, todo un SEÑOR y HERMANO.

Jesús, gracias, ¡va por ti, maestro!

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