| |

Carne de pescuezo

Getting your Trinity Audio player ready...

Los hechos y acciones de un ministro de Interior

En nuestro hermoso país llamado España, los ministros han gozado de un enorme respeto en todo el mundo. Cuan flor marchita por el paso de los días y las inclemencias meteorológicas, la decadencia está alcanzando niveles insospechados. Caemos muy profundo, abismal, ya fue hondo en tiempo de la penúltima etapa socialista.

La alianza entre Sánchez e Iglesias elevó a 23 los miembros del Consejo de Ministros. Desconocemos quién de los dos encarna el salvavidas y cuál el paquete para hundir nuestro futuro. Son varios los casos dudosos de capacidad, preparación, experiencia y dedicación para tan noble encargo; excepto si se llega al puesto como «cuota» sexual, cercanía o ideología del partido representado. Se incluyen algunos regionalismos imbéciles, dado que se representa al país y no a una urbe o autonomía política.

De todos ellos, entre los 23, uno es el más simpático para una amplia mayoría de los españoles de bien, que los hay. El Ministerio del Interior siempre tuvo dos caras; una antipática, a la hora de cumplir y hacer cumplir la ley, y otra simpática, cuando arropa y defiende a los ciudadanos, incluidas las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado: Policía Nacional y Guardia Civil.

Policía y Guardia Civil

Ambos cuerpos son de lo más sencillos de manejar. Personas disciplinadas, con formación, espíritu de servicio, que hemos puesto el pellejo y pescuezo en peligro por el bien ajeno en múltiples ocasiones muy orgullosos, hipotecando sueños, proyectos, y que volveríamos a arriesgarlo todo sin parpadear ni dudar. ¡Es tan fácil ser buen ministro de Interior!

Dos directores generales, a quien informan y asesoran los mejores profesionales del mundo, gracias a la experiencia de años sufridos en delincuencia y terrorismo. Además, ambas instituciones siempre cuentan con un presupuesto mínimo, que no llega a lo más básico, como es la dotación de material o el pago de un sueldo conforme a los tiempos corrientes. ¿Es tan complicado ser un buen ministro de Interior?

Negociaciones

Los devaneos del vicepresidente —afortunadamente ex, de todo, al menos eso dijo el 4 de mayo, con más cara que pescuezo— con los terroristas y separatistas fueron el inicio de la desconfianza. Acariciar el hombro de individuos en prisión, además de los oportunos sobones dialécticos en la sede del Congreso de los Diputados por parte de su partido, para conseguir la confianza de la mayoría parlamentaria.

El ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, en el Congreso de los Diputados.

De juez a ministro

Tras el nombramiento de un magistrado juez como ministro, algunos creyeron en el proyecto. «Este nos conoce»; «estuvo con nosotros contra el terrorismo de ETA»; «nos jugamos el pescuezo»; «nos va a igualar con los policías autonómicos»; «es el menos malo de todos esos». Comentarios se leían entre grupos de compañeros. Sin embargo, si hay algo con posibilidades de pudrir en el socialismo, es cuestión de tiempo, breve tiempo. Y para ejemplo, un melón.

Una de las mayores deshonras de un jefe es pegarse la vida «Padre, Madre y Espíritu Santo», mientras los agentes a sus órdenes se encuentran en serio peligro ante una turba de malhechores. Siempre, siempre, tendremos en el recuerdo a aquellos compañeros de pie, firmes, de noche en Barcelona, ante decenas de miles de personas armadas con piedras para ser arrojadas a nuestra democracia. En tanto, el ministro tenía hambre, sed y el estómago abierto. Hay que ser malo, más malo que la carne de pescuezo, para irse a un local de moda en Madrid a jalar una hamburguesa, bebiendo vino blanco y atizarse un mojito de postre, mientras se producían los hechos. El estómago duro cuan molleja, para aceptar dicha vianda y líquidos sin reaccionar con una vomitona en toda regla.

El perraje

No contento con ello, dedica millones de euros a dotar de material móvil a Marruecos, nuestro vecino traidor en la frontera, mientras racanea vehículos a guardias civiles. ¿Se puede ser más miserable? ¡Sujétame el mojito! Llegan los «Viernes de mierda».

Los viernes conceden beneficios penitenciarios a asesinos de ETA. Da igual su grado de pertenencia, implicación en el delito ni unas letras miserables de «perdón», que no se acompañan de hechos básicos: ayudar a la Justicia a esclarecer 379 asesinatos ni haber pagado las «obligaciones voluntarias» de las condenas ni cumplir toda la condena, como la víctima cumple la suya de por vida.

Víctimas del terrorismo

Ni la enseñanza católica ni la familia ni la formación encuentran un adjetivo apropiado para dicho personaje sin caer en el sonrojo. Mintió, miente y mentirá —como los socialcomunistas y el arma preferida de Lenin— a las víctimas del terrorismo. Aquellas asociaciones acuden a su llamada con la esquila de las subvenciones; se tragan el cutre término «batalla del relato» desde el cómodo sofá. ¡Ni una manifestación en la calle!

Un ministro de Interior no puede estar equidistante de la víctima y del delincuente. Ha de estar de este lado, del nuestro, defendiéndonos de ellos, los delincuentes, pederastas, asesinos, terroristas, etarras, separatistas…

Y lo peor no es eso. Cuando esta maldita pesadilla acabe, él será juez otra vez. ¿Cómo confiar en su justo criterio?

Publicado en El Español.

Si no has entendido la calidad del pescuezo -sí, del pescuezo-, te aconsejo intentar comer el cuello de un pollo.

Mi última novela publicada hasta esta fecha es «Obligaciones voluntarias«. Puedes ver el artículo aquí.

Publicaciones Similares

  • |

    Infiltrados

    Homenaje a los agentes infiltrados en grupos de delincuentes muy peligrosos Eres joven. Se acaba el tiempo de formación en el instituto. Has de decidir el siguiente paso para formarte. Elegir un oficio, profesión. Un futuro cercano para integrarte en el mundo laboral. ¿Universidad? Muy complicado el futuro. Hay una salida: oposiciones. Nunca fuiste deportista de élite. Un…

  • «Sal que ya entro…», de Alonso Holguín F.J.

    «Sal que ya entro…», de Alonso Holguín F.J. Las circunstancias modifican la vida de un ser humano. Éste, por su educación familiar, desarrollo funcional, cultural y vivencias traza un determinado plan para desarrollar su existencia en el planeta. Las dificultades laborales son un ingrediente más para que pueda ser más o menos cerca de su…

  • |

    El tiempo

    El tiempo es todo un enigma en Su Sanchidad El tiempo es un tema muy complicado en España. De conversación fácil y segura en ascensores, una de las frases más famosas –y temibles– de Pedro Sánchez Pérez-Castejón sitúa ese concepto en el centro del futurible presente: —El tiempo pondrá las cosas en su sitio —afirma…

  • | | |

    Profesión de riesgo

    No consideran profesión de riesgo a guardias civiles y policías nacionales ¡Vaya semana hemos tenido en España a cuenta de una profesión de riesgo! Una serie de eventos han dejado claro que la decadencia está en pleno apogeo. Y es que, para empezar, dos guardias civiles, esos héroes cotidianos, fueron vilmente asesinados en el puerto…

  • | | |

    «Modificaciones a capricho (II)», de Alonso Holguín F.J.

    El capricho de las modificaciones (II) en la Ley de Seguridad Ciudadana Los preceptos legales han de respetar los Derechos Humanos —¡cómo no!— de aquellos prestos y dispuestos a infringir la ley y unos DERECHOS de otros ciudadanos; entre estos últimos, nos encontramos nosotros, agentes de Policía Nacional y Guardia Civil. Sí, exacto, tenemos derechos…

  • «Guzzi Hispania en el corazón», de Alonso Holguín F.J.

    Guzzi Hispania, la moto de mi padre. Algunos recuerdos de mi niñez se encuentran sobre una motocicleta. El primer trabajo que consiguió mi padre, tras acabar estudios de mecánica en Valladolid, fue empleado de la Fasa. Así se llama la fábrica de automóviles donde se hacían los modelos de Renault. Vivía en Cigales, a 12 kilómetros y, en los comienzos de los años ’60 del siglo pasado, una Guzzi Hispania de 65 cc. era su medio de transporte. De color rojo en principio, cuando empecé a viajar encima de su depósito, lucía ya en color vino tinto. Quizá fuera el apego a los majuelos -también llamados viñedos-, donde iba con él y ella a realizar las labores propias de arreglo, quien tiñera su pintura. Recuerdo con horror el crecer: me abocaba a ir de paquete, abandonando la visión desde el depósito. El aire en el rostro, ligeramente girado para evitar las lágrimas de los ojos, junto con el olor a gasolina y aceite fue la perdición para condicionar mi futuro. Cuando tuve edad y fuerza, pude arrancar la Guzzi. Tenía tres marchas de palanca manual bajo el puño derecho. Primera hacia abajo, punto muerto -señalada con 0-, segunda y tercera. Recuerdo un pequeño dispositivo que servía para cebar el motor. La llave de paso de la gasolina en el lado izquierdo y el tubo de escape con sonido un poco pito agudo. Fueron pasando los años. Mi incorporación a la Guardia Civil, diferentes destinos y compromisos familiares. Vinieron una Vespa Iris 200, Suzuki Marauder y, en estos momentos, Harley Davidson Sporster 1200. Diferentes conceptos en base a las necesidades de movilidad, misma idea: viento en el rostro, aire de libertad. Pasarán los años, kilómetros y, por qué no, otras motos. Sin embargo, mi pequeño corazón siempre late alegre al recordar el olor, sonido y movimiento de aquella Guzzi Hispania de 65 cc. ¿Os imagináis cuando veo una de ellas colgada de un escaparate en una tienda de Madrid? Felicidad completa. Sean prudentes por las carreteras. Fuente: Ruta 608 Mario, al que todos conocemos como «Páter», ha tenido a bien invitarme a colaborar con un texto corto semanal sobre motos. Procuraré ceñirme al tema, con mis características propias e impropias sobre el tema. Si esperáis cuestiones…

Un comentario

Los comentarios están cerrados.