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«Pelele»

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«Pelele» fue publicado en el diario digital «El Español»

Goya

El maestro Francisco de Goya y Lucientes nos dejó una cantidad muy numerosa de obras de arte. Diferentes épocas, sentimientos y padecimientos suponen uno de los mejores pintores de todos los tiempos, sin ningún género de dudas. Ante la situación actual, después de la penúltima intervención de Sánchez Pérez-Castejón en el Senado, me acordé de una de ellas: «El pelele».

Se trata de un óleo sobre lienzo, cuyo destino sería hacer un tapiz para decorar el despacho del rey Carlos IV en el Palacio de El Escorial. Cuatro mujeres, vestidas de majas, acorde a la época de 1791, mantean un muñeco vestido de hombre. La cabeza de él parece tronchada, sin vida, caída hacia un lado, a merced del movimiento, dependiendo de qué lado sacuda con más fuerza la sábana. Esos divertimentos se producían en fiestas populares y con ocasión de despedidas de la soltería.

«Pelele» de Francisco de Goya

Dialéctica

Las gentes de bien soportamos día a día, palabra a palabra durante meses, los tremendos discursos de un fulano presuntamente incapaz de idear y escribir una tesis doctoral sobre economía. Su verborrea se caracteriza por un endiosiamiento hacia su persona, que mucho se parece al término más castizo «no »me» doy besos porque no »me» llego». Pese a quien pese, él se besa y abraza a sí mismo, emulando un contorsionismo dialéctico digno de una estrella circense.

El autor y autores de sus mamotretos se lo pasan pipa. Es capaz de ir retorciendo un argumento de un sábado a otro con proposiciones totalmente contrarias. De hecho, en la pandemia producida por la Covid-19 —bicho «hideputa», quien se ha llevado por delante a 50.000 españoles—, cuando podría tomar decisiones en base a la experiencia italiana con diez días de antelación al menos, se limitó a hacernos seguir la misma senda con resultados tan calamitosos. Como pésimo estudiante, en lugar de aprender de los errores del vecino, copia paso a paso su descarrilamiento. Y lo peor es comprobar que, el daño infringido por esa inoperancia, ha sido en pellejo ajeno, en lugar del suyo propio.

Su verborrea cambia con mucha frecuencia: desde el tono al volumen, de la mala baba a lamebotas, de una mirada despectiva a la caída de ojos sometido, rendido y acobardado. Incluso se acompaña el lenguaje no verbal de gestos típicos de odio y amor, cobardía y fiereza, dependidendo siempre del objetivo de su discurso.

Redes sociales

Quizá los más jóvenes tengan que recurrir a redes sociales de vídeo para conocer la labor de un ventrílocuo. Esos artistas utilizaban un muñeco de trapo, a quien introducían una mano por la espalda y accionaban su boca o pico —dependiendo si era humano o animal—, mientras con una voz diferente, sin mover los labios, hacía un diálogo ciertamente gracioso. Invito busquen a Doña Rogelia o Rockefeller y vean su arte. Sería un pelele actualizado, aunque le introdujeron la mano por donde la espalda pierde su casto nombre, comúnmente llamado culo.

Terrorismo

De todas las vilezas hechas por el pelele, hace unos días ha cometido la mayor de ellas hasta la fecha. La cabeza orientada a encontrar el agujero por donde se había deslizado una dignidad que nunca tuvo. Su voz queda, baja, honda, profunda, subterránea, agachando el melón y dejando ver las cervicales, cuan novillo a punto de ser descabellado, despreció a 850 asesinados, 379 pendientes de resolver, heridos, a miles de víctimas del terrorismo, sus familias, amigos y compañeros, dando el pésame desde el Senado de España a los bilduetarras por el suicidio de uno de ellos mientras cumplía condena en establecimiento penitenciario, evitando pronunciar la palabra «terrorista». Punto bueno siguiendo su razonamiento: Bildu es ETA, algo que ya sabíamos la mayoría. Una licencia:

—Pelele, repite conmigo, ¡T E R R O R I S T A!

Esa forma de largar por la boca y expresarse, en contenido y continente, expresiones y volumen, resultaron más propios de Pablo que de Pedro. Si bien el «Vicepeich» mantiene la cabeza mirando al frente, el segundo se riló, dando la sensación de sometimiento y cobardía. En tanto uno lleva moño y pendientes —curiosamente en el mismo color que muchos etarras—, el otro viste traje, estirado, luce un moreno envidiable como si hubiera pasado el agosto tirado a la bartola. ¿Quién iba a imaginar al tipo espigado, con percha y porte, rendido en la cámara alta de las Cortes Generales? Nadie, ningún español o miembro de su familia podrá olvidar ese hecho. Los avances en tecnología, la hemeroteca y fonoteca, permanecerán para la historia y conservar su acción.

Pelele

Por lo tanto, sin género de dudas, al pelele le escriben los discursos otros individuos y este lee cada párrafo a condición de mantener cama, colchón, helicóptero y avión. Las víctimas del terrorismo hemos de perder la esperanza —algunos nunca la tuvimos— en el pelele: ni dignidad ni memoria ni justicia ni verdad. Día a día se oficializa la rendición ante ETA y nuestra cercanía a la clandestinidad. En cambio, el pelele seguirá con lo suyo, con lo nuestro…

Publicado en El Español

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