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«Motos y moteros», de Alonso Holguín F.J. para El Español

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«Motos y moteros», de Alonso Holguín F.J. para El Español

 

La expresión mínima de un grupo es el símbolo de él; unas veces son colores, otras escudos que, vistos en distancia, indican al resto quienes son y cuáles son sus ideales, principios, normas de vida, conducta y, en algunos casos, sus leyes.

Los diferentes grupos humanos se han organizado entorno a unos principios derivados de sus propias costumbre. El latín, lengua madre del español y otras muchas ramas derivadas de él en idiomas y/o dialectos posteriores, tiene el término mos, moris: forma de actuar, de comportarse. La legislación se origina por los usos de vida de cada pueblo, entendiendo a éste como una comunidad de intereses iguales, en lugar del límite del término municipal.

Se debe diferenciar conducir una moto a ser motero. Los humanos llevan motos por diferentes motivos, gustos o prioridades, cosas del poder de elección de cada individuo. Un ejemplo a tener en cuenta: si te compras unas zapatillas como las de Michael Jordan, llevarás el mismo calzado; pero es dudoso que llegues a su nivel deportivo. Del mismo modo, podrás comprar una moto, idéntica en aspecto a aquella pilotada por el campeón del mundo, pero sólo podrás pasear con ella por las carreteras: la vida no es un circuito; si quieres correr, ve a uno.

Hay diferentes grupos de personas, cuyo nexo de unión es el uso, disfrute y paseo en motocicleta. Una multitud de ellos utilizan el símbolo de una calavera en su escudo, símbolo, e incluso en parches cosidos a sus chalecos, ropa o situados en sus monturas. Se adornan con otras motivaciones, anagramas, colores e incluso flores, por decir. Todo es válido para enriquecer el mensaje del grupo al resto del mundo.

Sí, mundo, ya que antes únicamente se veían esos símbolos allá por donde rodaran con sus máquinas; hoy, año 2017, era de la tecnología y las comunicaciones, donde cualquier majadero publica un mensaje en 140 caracteres para insultar a un humano desde la otra punta del mundo, podemos disfrutar de los escudos en todo el planeta.

El cráneo dibujado o exhibido ha sido la representación del peligro, de la muerte, de una situación terrible si se toca, usa o traspasa sus límites. Útiles diarios reflejan esa imagen. Por ejemplo: una botella de lejía, cuya ingesta puede ser muy perjudicial para la salud; las torretas de cableado eléctrico de alto voltaje -unos 12.500 voltios- llevan una placa similar. Del mismo modo sería escuchar a cierta parte de bastardos humanos, habituales amigos de asesinos y terroristas.

Las nobles gentes moteras aceptan otra acepción de ese significado, uno más simple; cuya virtud es ajena a la actual costumbre de buscar tres o mil pies a un gato. El ambiente motero se ve oscurecido por la aparición singular de gente vinculada a acciones delictivas. Nadie, ningún grupo humano se ve ajeno a la tentación de los más débiles y aprovechados para infringir la ley, perjudicando a otros. Son los menos, un insignificante y patético porcentaje, aunque día a día se debería luchar por la completa erradicación de ellos, como en el resto de la sociedad.

La mecánica facilita modelos muy diversos, en tamaño, cilindrada, aspecto, prestaciones, incluso el origen de fabricación de esas maravillosas máquinas. Menos de cuatro y dos o más, sin llegar a ese límite, son algunas de las características básicas. Además, un lenguaje reconocido a nivel internacional, proporciona un entendimiento sencillo en situaciones de riesgo o necesidad de ayuda. La más popular, reconocida por un montón de gente, es la señal en V de una mano al cruzarte con otro. Sin embargo, una gran desconocida es dejar el casco tras la rueda trasera en el arcén: señal de avería. ¿Veis la sencillez del mundo motero?

El mayor problema es el alarmante número de robos de estas máquinas. En cuestión de horas son despiezadas, incluso desplazadas fuera de nuestras fronteras, pese a los intentos de divulgación de tales sustracciones en redes sociales. Se publican fotos con la placa matrícula identificativa por si alguien ve circulando por las calles y así contribuir a su recuperación. Lamentablemente se esclarecen pocas, muy pocas, y vuelven a sus dueños menos.

El símbolo de la calavera, el reflejo del cráneo limpio de piel y carne, es el final de todo humano: la muerte. Allí, en no mucho más de 100 años, en casos excepcionales, nos veremos todos tarde o temprano. Igual da la cilindrada, motor, chasis, carenado -chapa-, hierro o plástico, seas mucho o poco calamidad, la única diferencia será el tamaño natural de los huesos de tu cabeza pelada.

Sean prudentes ahí fuera. Salimos todos, volvemos todos.

 

 

Fuente: El Español

Artículo publicado en este diario digital.

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