“Llega la Navidad”, de Alonso Holguín F.J., para Ruta 608

“Llega la Navidad”, de Alonso Holguín F.J., para Ruta 608

Colaboración en el programa radiofónico www.ruta608.com

Los fines de semana, cuan si fueran Navidad todos ellos, las carreteras se llenan de personas con buenos deseos. Habitualmente en dos ruedas recorremos la geografía de este hermoso país llamado España.

 

La orografía dispone de múltiples rutas para elegir. Cuesta arriba, cuesta abajo, rectas y curvas más largas, amplias o angostas nos permiten desplazamientos rodeados de naturaleza. A motor, más o menos grandes, con diferentes sinfonías rugiendo entre las piernas, dentro de carenados de plástico o rodeados de aire el hierro de las máquinas, saludamos con una “V” a aquellos que encontramos en las carreteras.

 

El alto en el camino es fundamental. Unas veces para aliviar líquidos internos, otras degustando fermentados con exquisitas tapas de la gastronomía española, sonreímos a otros semejantes cuya cabeza es protegida por un casco. ¡Qué felicidad! ¡Cuánta alegría!

 

Después del alto, habitualmente a mitad de la jornada, volvemos a casa. Cada mochuelo a su olivo, se dice de antiguo. Y así es. Se acaba el fin de semana.

 

Vuelve el lunes comienza el ajetreo. Algunos hemos de cambiar manillar por rosca. Más grande, menor de tamaño, adecuando las necesidades familiares y laborales, nos embutimos en una lata. Ahí cambia todo: la vida, el carácter y la alegría se van a tomar por el culo -con permiso-.

 

Las calles y carreteras de la ciudad se convierten en terrenos de batalla continua: intermitentes se ausentan, la primera guerra de la rotonda, el conflicto por circular en el carril más a la izquierda, cuando todo el mundo comprueba que el menos frecuentado y rápido está a la derecha, así como calcular cómo colocar en una plaza de aparcamiento un vehículo individual joder dos espacios. ¡Qué méritos!

 

Me cuentan unos amigos que, en un laboratorio experimental, están desarrollando una vitamina especial. Tratan de encontrar la fórmula para conseguir que, humanos subidos en máquinas, dejen de ser gilipollas de lunes a viernes y sean tan buenas personas como los fines de semana. De los otros ya nos ocuparemos más adelante.

 

La esperanza es lo último que se pierde.

Fuente: Ruta608