“Clandestino” en Cigales: un placer para los sentidos

“Clandestino” en Cigales: un placer para los sentidos

Por Alonso Holguín F.J.

 

Nuestro país tiene 52 provincias, casi la tercera parte de Comunidades Autónomas; un montón de localidades pequeñas de población y grandes de corazón. El interior de Castilla es una zona muy peculiar de España. Allí somos de recio carácter, a la par que sinceros, leales y con un gusto por la buena comida como el que más. Esa cuna de nuestros orígenes, en aquellos lugares, la comida sabe a gloria, a pueblo, a nuestras madres y abuelas.

Soy originario de Cigales, provincia de Valladolid, Castilla y León, España y muy a gala de todas las definiciones que pudieran darse de esos detalles. Nuestra tierra produce el mejor clarete del planeta desde hace varios siglos, aunque fuera de allí se llama “rosado”.

La evolución, los avances, el esfuerzo de las diferentes bodegas y productores nos proporcionaron tintos de gran proyección nacional e internacional. De hecho, es habitual conseguir premios y galardones a lo largo y ancho de certámenes, conviviendo en dichas competiciones con potentes Denominaciones de Origen de nuestro país y otros grandes del mundo.

Nuestro pueblo, por razón del avance, dejó de utilizar las bodegas excavadas para elaborar vino, sirviendo como merenderos de amigos y familias. Desde pequeños bajamos a ellas sin temor ni miedos, frente a la extrañeza de otros forasteros. Auténticas obras de ingeniería después de siglos y siglos de su construcción. A día de hoy nos extrañamos de cómo llegaron a introducir los troncos de más de 7 metros que servían para aplastar las uvas; sobretodo al observar los edificios, carreteras y puentes construidos en la actualidad, además de alguna rotonda, cuyo significado merece un par de tomos enciclopédicos.

Las cocinas de Cigales tienen el sabor a sopa de ajo, ensalada, queso, morcilla, chorizo y jamón, lechazo asado al horno o parrilla, entre otros; arroz con leche, natillas, flanes y leche frita eran habituales postres de nuestra niñez, sin olvidar el pan elaborado en la localidad. Al menos cuatro panaderías he llegado a conocer aquí, con sus hornos de leña, olor a pan recién hecho, magdalenas, bollas, rosquillas y tortas de chicharrones.

El acierto de la hostelería cigaleña ha ido en aumento en los últimos años. La pasión por los pinchos está siendo de gran repercusión a nivel provincial y nacional, gracias a la proliferación de comentarios y fotografías que se acompañan. Los autores brindan la posibilidad de degustar auténticas obras de arte culinaria a los clientes. Nada que envidiar, nada de nada, de aquellos lugares de la geografía española donde, la historia y publicidad, crearon la fama de los pinchos.

Se ha dado un paso más en la oferta gastronómica. Cigales cuenta con un gastrobar, que bien pudiera estar en el mismo centro de la capital del Reino de España. Los hermanos Villaumbrales han remodelado la planta de arriba de su vinoteca “Las Barricas”, convirtiendo el local en un coqueto restaurante llamado “Clandestino”.

La decoración reconforta y algunas mesas altas con sillas tipo banqueta ya anuncia una forma diferente para degustar una comida. Esa apuesta resulta un tanto peculiar. El reducido tamaño invita a una reflexión:

-La cocina es pequeña. Lo platos son, mayormente, para compartir entre todos los comensales.

Abrir la carta supone algo extraño para personas ajenas a las tendencias de la hostelería actual. Sin embargo, los consejos del Jefe de Sala se aprecian en la comprensión de los clientes. Consejos, explicación de los platos y diferentes sabores resuelven todas y cada una de las dudas.

Desde la llegada del pan, recuerdo de aquellos de antiguo,individual con su cantero y todo, comienza un viaje por el complejo mundo de la mezcla de texturas. Nuestra degustación fue la siguiente:

  • Salpicón de marisco con Bogavante: una excelente combinación de productos de primerísima calidad y con un calibre excepcional.

  • Sardina ahumada: el sabor y composición, junto al acompañamiento de aceite de oliva virgen extra confluyen en el recuerdo del mar, tierra y ligero toque a humo.

  • Pulpo a la plancha con mahonesa de Pimentón y Pico de Gallo con Mango: el acierto de conjugar mar cálido, huerta y fruta; una atrevida opción con excelente resultado sin ninguna duda.

  • Pluma Ibérica con mostaza antigua de Mango y Chips de Yuca: una parte del cerdo muy sabrosa, servida en su punto con un gusto por la mostaza maravilloso y la yuca, algo desconocida para muchos, sustituyendo con acierto a las sempiternas patatas.

  • Torrija con base de Natillas y Miel de Valvení: este postre final significa la culminación de un placer para los sentidos.

  • Arroz con Leche con crujiente de Galleta y Canela: simplemente maravilloso.

  • Coulant de Chocolate con Helado de Vainilla: dulce y sabroso en el punto justo para evitar caer en el exceso de azúcar.
  • Torondos Crianza fue el vino escogido.

Desde el anuncio de su implantación tuve ganas de acudir a conocer esta variedad en Cigales, origen y lugar donde siempre quiero volver. Ver disfrutar a los padres de esta maravillosa experiencia es algo que quedará siempre en mi retina; más aún, cuando mi padre dijo haber vivido ratos de juego en la niñez próximo a esa casa, antiguamente propiedad de la señora María Santos y Pablo Prieto, que ahora es un lugar donde peregrinaremos los amantes de la buena mesa.

Arriesgada, competitiva y potente apuesta en Cigales, a doce kilómetros de Valladolid, donde se declinan tierra, mar, humo y cariño por los mejores productos de la cocina actual y de antaño.

Hay que volver. “Clandestino” estará esperando.

Os dejo la galería de imágenes de ese maravilloso día: