“El final del verano”, de Alonso Holguín F.J. para Ruta 608

“El final del verano”, de Alonso Holguín F.J. para Ruta 608.

 

El verano ha tocado a su fin de forma oficial. Quedarán unos días allá, cuando sea la festividad de San Miguel, cuyo calor nos hará retornar un sinfín de estornudos, enfriamientos y algún constipado a los lebreles de la raza humana.

Recuerdo haber dado algunos consejos para la época estival. Era algo así como: llevar las piernas cubiertas con pantalones, los brazos con chaquetas, las manos con guantes y, a ser posible, unas cómodas botas para proteger los deditos de los pies.

Los gobiernos siempre tienen la culpa, al menos en España, de aquello que el ciudadano tiene a su disposición y se acuerda cuando llega Santa Bárbara tronando. Véase el símil; un motero cae al suelo, resbalando por el mismo. Ese firme, aunque esté asfaltado, en parte con deshechos de neumáticos, se convierte en una tremenda lija de la piel; tela vaquera, cuero, cuando no dulces gasas de algunas hermosas morenazas, potentes rubias y resto de bellas criaturas son quemadas por el rugoso suelo.

¿Ha pasado lo peor? No, ni de coña; entonces llega el bordillo rectangular, alargado, duro e insensible con las articulaciones de la extremidad del animal motero. El golpe sordo, sonoro y seco produce la rotura del casco. Se puede comprar otro, de eso no hay problema, porque hay repuesto. En ese momento te das cuenta de la diferencia entre las pegatinas de molón y seguro. Gracias a Dios, escogemos la segunda, casi siempre.

¿Así acaba todo? No, aún no. Ahora te llevan al hospital; los médicos evalúan tus roturas, las quemaduras y ordenan lavar las heridas a las enfermeras. Han de extraer una infinidad de piedras y arena, conjuntadas con grasa, algo de agua y carburante del asfalto recogidas por tu piel en la caída. ¿Pica? Claro, quién te iba a decir que Rambo, pese a las pelis, sí sentía las piernas y más con las heridas. La carne limpia, rociada de desinfectante, un par de vendas, quizá algo de escayola y a casa.

¿Sólo eso? Pues no. Resulta algo extraña la evolución de la lesión: cambia de color, se inflama y duele cada día más. Se ha infectado; vuelta al hospital, curas -lágrimas de dolor incluidas-, protocolo de vendas, antibiótico en pastillones y a casa.

Me dices, hablamos del accidente y te acuerdas entonces que, además de ser un pibón con pantalones de cuero, botas, casco y guantes, hay que pensar en protecciones plásticas en rodillas, caderas, codos y hombros, al menos, para prevenir las caídas.

Ahora en otoño lloverá -si Dios quiere y no nos jode con la sequía-; habrá una suerte de deslizamientos en las carreteras y… espero no tener tema para volver a escribir un artículo así.

Sean prudentes ahí fuera y protejan su cuerpo, ¡coño!

Fuente: Ruta 608